
Nous sommes comme orphelins. Georges est décédé ce lundi matin, 22 juin 2009, à 00h19. Il était notre cher voisin, notre grand ami. Il avait contribué plus que quiconque à faire du 39 Boulevard du Temple une adresse de choix, un lieu de rencontres et d’ouvertures. Georges était professeur, un petit peu autoritaire. Pour cela aussi on l’aimait. Il aimait la vie, l'art et toutes ses libertés. Il avait organisé un brunch chez lui chaque mois pendant quelques années. Les Brunchs de Georges ont été des moments intenses, chacun le reconnaîtra à sa manière. On était très fiers de faire entrer nos amis dans ce cercle. On y a beaucoup ri, dansé, chanté, divagué, parfois pleuré. C’est là qu’on s’est rencontré, qu’on s’est aimé, qu’on s’est juré que rien ni personne ne changerait, que l’on s’est quitté puis retrouvé.
Je me souviens du jour de mes trente ans. J’étais avec Georges en Inde, à Bombay. On visitait les quartiers excentrés de la ville, on affrontait la chaleur moite et fétide du Maharashtra. Dans le taxi qui nous ramenait vers des zones plus hospitalières je reçus un sms de Philippe qui me souhaitait un bon anniversaire. Il ajoutait qu’il aimerait aussi me fêter mes quarante ans, mes cinquante et mes soixante ans… J’ai tout de suite pleuré de bonheur mais aussi de la peine que j’avais d’être loin de lui à cet instant. En me serrant dans ses bras Georges m’a dit que c’était une très bonne chose de pleurer, et qu’on ne lui avait pas appris à le faire lorsqu’il était enfant. Il me l’a dit d’une manière très digne, presque sombre.
Aujourd’hui je regarde la photo d’un camion abandonné sur l’une des plages de Bombay, prise ce jour là, une photo accrochée dans mon salon, et je ne peux pas sécher mes larmes.
Adieu Georges.
Una dirección de calidad
Somos como huérfanos. Georges ha muerto este lunes por la madrugada, 22 de junio 2009, a las 00h19. Era nuestro querido vecino, nuestro gran amigo. Había contribuido más que nadie a hacer del 39 Boulevard du Temple una dirección de calidad, un sitio de encuentros y de aperturas. Georges era profesor, un poco autoritario. Por eso le queríamos también. Le gustaba la vida, el arte y todas sus libertades. Durante años una vez al mes organizó unos desayunos en su casa, un brunch. Los Desayunos de Georges han sido momentos intensos, cada uno lo puede reconocer a su manera. Nos daba mucho orgullo hacer entrar a nuestros amigos en este círculo. Allí nos reímos mucho, bailamos, cantamos, divagamos, a veces lloramos. Allí nos encontramos, nos quisimos, hicimos la promesa de que nada ni nadie iban a cambiar, nos dejamos y nos encontramos otra vez.
Me acuerdo del día de mis treinta años. Estaba con Georges en la India, en Bombay. Estábamos visitando los barrios periféricos de la ciudad, pasábamos mucho calor en la humedad fétida del Maharashtra. En el taxi que nos llevaba a zonas más hospitalarias recibí un sms de Philippe deseándome un feliz cumpleaños. También me decía que le encantaría celebrar mis cuarenta años, mis cincuenta y mis sesenta años… En seguida me puse a llorar de felicidad pero también por la pena de estar lejos de él en este momento. Abrazándome, Georges me dijo que llorar era algo muy bueno, y que de niño nadie le enseño a hacerlo. Me lo dijo de una manera muy digna, casi oscura.
Hoy estoy mirando la fotografía de un camión abandonado en unas de las playas de Bombay, sacada este mismo día, una foto colgada en mi salón, y no puedo secar mis lágrimas.
Adiós Georges.
Je me souviens du jour de mes trente ans. J’étais avec Georges en Inde, à Bombay. On visitait les quartiers excentrés de la ville, on affrontait la chaleur moite et fétide du Maharashtra. Dans le taxi qui nous ramenait vers des zones plus hospitalières je reçus un sms de Philippe qui me souhaitait un bon anniversaire. Il ajoutait qu’il aimerait aussi me fêter mes quarante ans, mes cinquante et mes soixante ans… J’ai tout de suite pleuré de bonheur mais aussi de la peine que j’avais d’être loin de lui à cet instant. En me serrant dans ses bras Georges m’a dit que c’était une très bonne chose de pleurer, et qu’on ne lui avait pas appris à le faire lorsqu’il était enfant. Il me l’a dit d’une manière très digne, presque sombre.
Aujourd’hui je regarde la photo d’un camion abandonné sur l’une des plages de Bombay, prise ce jour là, une photo accrochée dans mon salon, et je ne peux pas sécher mes larmes.
Adieu Georges.
Una dirección de calidad
Somos como huérfanos. Georges ha muerto este lunes por la madrugada, 22 de junio 2009, a las 00h19. Era nuestro querido vecino, nuestro gran amigo. Había contribuido más que nadie a hacer del 39 Boulevard du Temple una dirección de calidad, un sitio de encuentros y de aperturas. Georges era profesor, un poco autoritario. Por eso le queríamos también. Le gustaba la vida, el arte y todas sus libertades. Durante años una vez al mes organizó unos desayunos en su casa, un brunch. Los Desayunos de Georges han sido momentos intensos, cada uno lo puede reconocer a su manera. Nos daba mucho orgullo hacer entrar a nuestros amigos en este círculo. Allí nos reímos mucho, bailamos, cantamos, divagamos, a veces lloramos. Allí nos encontramos, nos quisimos, hicimos la promesa de que nada ni nadie iban a cambiar, nos dejamos y nos encontramos otra vez.
Me acuerdo del día de mis treinta años. Estaba con Georges en la India, en Bombay. Estábamos visitando los barrios periféricos de la ciudad, pasábamos mucho calor en la humedad fétida del Maharashtra. En el taxi que nos llevaba a zonas más hospitalarias recibí un sms de Philippe deseándome un feliz cumpleaños. También me decía que le encantaría celebrar mis cuarenta años, mis cincuenta y mis sesenta años… En seguida me puse a llorar de felicidad pero también por la pena de estar lejos de él en este momento. Abrazándome, Georges me dijo que llorar era algo muy bueno, y que de niño nadie le enseño a hacerlo. Me lo dijo de una manera muy digna, casi oscura.
Hoy estoy mirando la fotografía de un camión abandonado en unas de las playas de Bombay, sacada este mismo día, una foto colgada en mi salón, y no puedo secar mis lágrimas.
Adiós Georges.